EL TE, ALGO SENCILLO.

“ La primera taza me humedece los labios y la garganta, la segunda rompe mi soledad, la tercera busca en mis entrañas estériles y encuentra en ellas unas cinco mil volúmenes de ideogramas extraños. La cuarta me provoca una ligera transpiración, y todo lo malo de la vida se me va por los poros. En la quinta estoy purificado; la sexta me lleva a los reinos inmortales. La séptima taza...¡ah ya no puedo tomar más! Sólo siento el hálito del viento frío que hincha las mangas de mi vestido. ¿Dónde está Horisan (el Paraíso chino)¡Dejadme cabalgar sobre esta dulce brisa y que me lleve por los aires!” ( Lu T’ung )
El té es la segunda bebida más consumida en el mundo, solo superada por el agua. Su origen, aproximadamente 2.500 años a.d.Cr. , lo podríamos situar en el valle de Assam, entre China y la India, a orillas del río Brahmaputra La palabra té proviene del chino “cha”, que escrita está formada por los ideogramas correspondientes a hierba, hombre sobre la tierra y árbol. El vocablo pasó a Europa como consecuencia de las primeras relaciones entre comerciantes holandeses y chinos del puerto de Amoy, en la provincia china de Fujian.
El té, procede principalmente de China, India y Japón y en cada uno de estos lugares existen leyendas que nos explican su origen.
De acuerdo con la leyenda China, el emperador Shen Nung descubrió esta bebida cuando se hallaba bebiendo agua a la sombra de un árbol silvestre, que se movía armoniosamente con los aires de primavera, accidentalmente unas hojas cayeron en la olla del emperador y este bebió la infusión, se sintió reconfortado y con una especial sensación de felicidad. El té había nacido.
Los indios adjudicaron el descubrimiento al príncipe Bodhi-Dharma, hijo del prudente rey Kosjuwo, quien partió en peregrinación, con la intención de predicar el budismo a lo largo del camino. Al final del quinto año, estaba enfermo y débil, a sugerencia de los sabios recogió algunas hojas de un árbol especial, disfrutó de su infusión, se curó y por supuesto el remedio resultó ser el té. Sus extraordinarias propiedades le permitieron cumplir su promesa.
La leyenda japonesa le añade un toque sensual. Cuentan que al final de los tres primeros años de peregrinaje, el Príncipe Bodhi-Dharma, un día soñó con todas las mujeres que había amado, parece que era todo un seductor. Al despertar, se avergonzó de su pícara líbido y no se le ocurrió mejor cosa que hacer una promesa irrealizable, no volver a dormir y de esta manera no podía volver a soñar con sus deslices. Cuando estaba a punto de sucumbir y quebrantar la piadosa promesa, vencido por el sueño y el cansancio, encontró un hermoso arbusto, masticó algunas de las hojas de té y descubrió que tenían la propiedad de conservar sus ojos bien abiertos y alejados los recuerdos pecaminosos.
En el siglo IV de nuestra era, el té ya era una bebida popular en China. Se desarrolló a través de tres etapas principales: té hervido, té machacado y té en infusión. Las tres “escuelas” son indicadoras de los espíritus de sus respectivas épocas, que corresponden a las dinastías Tang, Song, y Ming.
En el siglo XVIII, el té se convirtió en una bebida real adoptada por la nobleza como un elegante pasatiempo. El poeta Lu Yu, en la dinastía Tang, escribió el primer libro del té. Este siempre ha estado unido a la historia y a medida que se extendió puso en contacto a diferentes pueblos, con distintas religiones y filosofías.
En Japón, el té fue introducido principalmente por los monjes budistas del siglo IX. Para los japoneses, el té es algo más que una bebida. La ceremonia del té, cuyo objetivo es ayudar al espíritu a encontrar la paz, ha atravesado siglos y fronteras.
A través de las rutas de las caravanas, el té penetró en todas las tierras mongolas, los países musulmanes y Rusia, antes de alcanzar Europa. Como Occidente tuvo largos períodos sin contacto con el Oriente, conoció el té relativamente tarde, cuando fue traído por un negociante árabe llamado Suleiman. No fue hasta principios del siglo XVII cuando el té comenzó realmente una expansión de su consumo a gran escala en el mundo occidental. La Compañía de las Indias Orientales estableció relaciones con el Lejano Oriente, introduciendo el té en Holanda primero, en 1610, después en Francia en 1636 y por último en Inglaterra en 1650.
El té ha sido la causa de más de una guerra, pero la más importante fue probablemente la guerra de la independencia americana. El detonante fue el “Boston Tea Party” del 16 de Diciembre de 1773, en el que se lanzó al mar todo un cargamento de té como respuesta a los nuevos derechos de aduana que gravaban las importaciones de la metrópoli de distintos productos, incluido el té, para beneficiar a la Compañía Británica de las Indias Orientales a quien los americanos boicoteaban comprando el té de Holanda.
A principios del siglo XIX, China era virtualmente el único proveedor de té del mundo. En 1834, se introdujeron plantaciones de té en India y un poco después, en 1857, en Ceilán y a continuación en Asia, África y Sudamérica. A medida que se extendía su cultivo, la competencia entre los propietarios de los barcos por tener el más rápido transporte de té llevó a la organización de carreras en las lejanas travesías orientales.

El té de la tarde. (Mary Cassatt)


En los países asiáticos es tal la devoción hacia el té, que la llamada ceremonia del té es un rito muy extendido que convierte en protagonista a esta planta, en forma de bebida. La más conocida y renombrada es la ceremonia del té japonesa. Tradicionalmente, las ceremonias o “chanoyu”, se llevan a cabo en casas construidas exclusivamente a tal efecto. A la casa se entra mediante una puerta muy pequeña. Sin importar la categoría de cada uno, la entrada sólo puede hacerse arrastrándose hacia el interior. Así, desde el principio se suprime la jerarquía y los partícipes a la ceremonia se hacen simbólicamente iguales. El “chado” o camino del té es el centro de atención. El maestro del té Sen no Rikyu dijo que el este consistía simplemente en hervir agua, hacer té y beberlo. Es decir, algo sencillo. También instauró las cuatro pautas del “chado”, armonía, respeto, pureza y tranquilidad. Al impregnar la ceremonia de estos cuatro valores, hervir agua, hacer té y beberlo ya no parece tan simple. Las ceremonias varían en tiempo de una a cuatro horas. Se desarrollaron reglas y se adaptaron a medida que el “chado” ganaba en significado y finalidad. De esta forma el arte de tomar el té ha sido ritualizado en Japón y en todo el mundo.




Ritual de la ceremonia del Té

Es tradición el llevar a cabo la ceremonia en una casa especialmente dedicada a ello, que recibe el nombre de sukiya.Los utensilios son: El cha-wan (tetera), el cha-ire (recipiente para el té), el cha-sen (agitador especial de bambú), la cha-shaku (cucharón de servir, de bambú), el matcha (té). Estos utensilios suelen ser valiosos objetos artísticos, con una decoración fina y elegante que suele formar parte de la herencia familiar.
Para las ropas, se prefieren los colores poco llamativos. Cuando se trata de ceremonias formales, los hombres llevan kimonos de seda de colores lisos, con los blasones de la familia y los tradicionales tabi (calcetines) blancos. Los invitados deben traer un pequeño abanico plegable y unas cuantas kaishi (servilletas de papel pequeñas), cada uno. Para las ceremonias informales no existe protocolo para la ropa o los ornamentos, excepto la de los colores..eso si, los asistentes a la ceremonia del té siempre serán impares contando al maestro de ceremonias, ya que los números pares traen mala suerte.
La ceremonia normal del té consiste en las siguientes fases: Una Comida ligera, llamada kaiseki. El naka-dachi, o pausa intermedia. El goza-iri, que es la fase principal en la que se sirve un tipo de té verde espeso. El usucha, fase final, en la que se sirve té verde liviano. La ceremonia completa dura unas cuatro horas, aunque muchas veces se limita simplemente a la ultima fase -usucha -que dura alrededor de una hora, ya que tomarse un té siguiendo el ritual es para ellos un placer, dure el tiempo que dure, la ceremonia completa siempre tiene algún motivo especial para hacerse, mientras que la usacha, es por puro placer.
Durante la primera fase, lo mas normal es que los invitados entren a gatas en la casa de te, se lavan las manos y proceden a mirar todos los detalles del lugar, como esta decorado, el tipo de perfume y los esfuerzos que ha hecho el maestro de ceremonias para que todo sea de su agrado.
El invitado principal de la ceremonia es el que se sienta mas cerca del maestro de ceremonias, una vez que todos han intercambiado las cortesías de rigor, se sirve la kaiseki, que termina con unos dulces a manera de postre. Los japonés no son muy dados a los dulces, ya que hace muchísimo años el azúcar era tan caro y apenas lo podían comprar, aprendieron a prescindir de él.
La Naka- dachi. Cuando el maestro de ceremonias lo indica, los invitados se retiran a un banco, sofá o cojines.. destinado a ello, este lugar suele estar situado en el jardín interior que rodea a la casa de té. Mientras el maestro prepara todo lo necesario para la ceremonia.
La Goza-iri. Una vez todo listo el maestro hará sonar un gong de metal que indica el inicio de la ceremonia. La costumbre dice que tienen que hacerlo sonar 5 o 7 veces, ni una menos ni una mas y después rezar una serie de oraciones purificadoras mirando el recipiente de agua fresca. Se abren ventanas y se suben las persianas para que entre más luz.
El maestro ya tiene preparados los recipientes de cerámica para el agua y el té y estos están colocados en sus sitios. El maestro toma la tetera en sus manos y la muestra a los invitados, tiene a su alcance el recipiente para el agua sobrante, la cuchara y el soporte para la tetera o la cuchara. Todo eso se limpia con un paño especial fukusa, y se enjuaga el agitador en el cuenco de te, después de verter en éste el agua caliente del recipiente que se esta calentando.
Se coge el cucharón y el recipiente del té, y se añaden en él tres cucharadas de matcha, a continuación se llena el cucharón de agua caliente y se vierte un tercio del agua devolviendo el resto al recipiente, se agita la mezcla con el agitador de bambú hasta que conseguimos una consistencia similar a una sopa de guisantes espesa. Esta mezcla recibe el nombre de koicha..su sabor es dulce y agradable de tomar. Para que esta ceremonia salga bien el matcha debe tener un mínimo de 20 años ya que de lo contrario no conseguiríamos esa consistencia.
Cuando el te esta listo, el maestro deja el cuenco en el lugar correcto y el invitado principal se desplaza de rodillas para cogerlo, se inclina hacia los demás y coloca el cuenco en su mano izquierda al tiempo que lo sujeta con su mano derecha, toma un pequeño sorbo, alaba su sabor y toma dos o mas sorbos. Después limpia la parte que el ha tocado con sus labios con la servilleta de papel, -kaishi- y pasa el cuenco al invitado siguiente que seguirá el mismo ritual, el ultimo deberá entregarle el cuenco al invitado principal que será el encargado de devolverlo al maestro /a de ceremonias.
La Usucha. Se diferencia del koicha sólo en que el matcha que se utiliza está hecho de las hojas jóvenes de plantas que tienen entre tres y quince años de edad. La mezcla verde que se consigue así tiene consistencia espumosa.
Las normas que se observan en esta parte de la ceremonia son similares a las que rigen el koicha, con las siguientes diferencias: El té se prepara individualmente para cada invitado con dos (o dos y media) cucharadas de matcha. Cada invitado debe beber su cuenco entero. Cada invitado debe limpiar la parte del borde del cuenco que ha tocado con los labios con los dedos de su mano derecha y luego limpiarse los dedos con el.
Una vez que el maestro de ceremonias ha sacado los utensilios de la sala, hace una reverencia en silencio ante los invitados con lo que indica que el rito ha terminado. Los invitados entonces abandonan la estancia, seguidos bajo la atenta mirada del maestro de ceremonias.

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