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RENÉ MAGRITTE. EL MAGO. EL PAN. EL VINO Y LA CARNE.

Pan, vino y carne, crían buena sangre. (Refranero).

René Magritte es el creador de algunas de las imágenes más conocidas del siglo XX y el responsable de que el concepto de “manzana” esté tan vinculado a los ordenadores (es por su manzana verde que Paul McCartney nombró Apple Corps a su compañía, nombre que inspiró a Steve Jobs para crear Apple Computer). El pintor belga trató temas como la metamorfosis y la diferencia entre realidad y obra, incidiendo en las incongruencias creadas por el imaginario colectivo. El interesante autorretrato El mago, que recuerda al también surrealista Max Ernst, muestra al artista con alimentos tan comunes como el pan, el vino y la carne, y tiene la particularidad de ser a la vez estático y dinámico, ya que los brazos generan sensación de movimiento. Un conflicto que gustaba al belga, que defendía que todo lo que vemos oculta siempre otra cosa.

Es posible que Magritte con este ilusionismo quiera plasmar los superpoderes del surrealismo. Con la elección de estos tres alimentos, que se han considerado como básicos dentro de la alimentación y que, por tanto, son necesarios para mantenerse en buen estado de salud. Se erige en “El mago”, donde se le ve comiendo a cuatro manos. Una le sirve para poner el vino en el vaso, otra la utiliza para ponerse el pan en la boca y con las otras dos corta la carne. Se trata de servirse de sus “superpoderes para alimentarse”.

MUSEO GASTRONOMICO.

CATEGORIA MUSEO

“Los museos eliminan fronteras y construyen entendimiento.” (Federico Mayor Zaragoza).

La gastronomía no solo constituye una fuente esencial de nutrición, sino que también representa un medio de expresión cultural, una manifestación de opulencia, un ritual de interacción social y un placer compartido que involucra la totalidad de los sentidos mientras enriquece el espíritu. Según un proverbio popular, tendemos a "comer más con los ojos que con la boca", destacando así cómo el arte culinario, impregnado de creatividad y cromatismo similar al de la pintura y escultura fundamentalmente, que cautiva a través del sentido de la vista. De manera similar a un laboratorio alquímico, donde frascos, tarros, pinceles y herramientas diversas se entrelazan, tanto el chef como el artista transforman materias primas como el azafrán, las bayas, el aceite de nuez o de linaza, la caseína, la cola de pescado, el vinagre y la yema de huevo en obras que simbolizan la transición entre lo natural y lo cultural mediante la dicotomía entre lo crudo y lo cocido.

Con este recorrido culinario, el museo de  "Saber para Comer" aspira a satisfacer las expectativas del visitante, brindándole una experiencia sensorial que deleite tanto el paladar como la vista, estableciendo así un banquete integral para los sentidos.

EL LAUREL. NACIDO DE UNA NINFA.

“En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”. (John H. Newman).

Apolo y Dafne es una escultura realizada por el italiano Gian Lorenzo Bernini entre los años 1622 y 1625. Pertenece al estilo barroco. Se trata de un grupo escultórico de mármol y de tamaño natural expuesto en la Galería Borghese (Roma).


Cuenta el mito de Apolo y Dafne que Apolo se burló de Eros. Eros, molesto por la arrogancia de Apolo, ideó vengarse de él y para ello le arrojó una flecha de oro, que causaba un amor inmediato a quien hiriere. Otro disparo hirió a la Driade Dafne con una flecha de plomo, que causaba el rechazo amoroso. Así que cuando Apolo vio un día a Dafne se sintió herido de amor y se lanzó en su persecución. Pero Dafne, que sufría el efecto contrario, huyó de él. Y la driade corrió y corrió hasta que agotada pidió ayuda a su padre, el río Ladón, ya su madre la diosa Gea quienes determinaron convertir a Dafne en laurel. Cuando Apolo alcanzó a Dafne, ésta iniciaba la transformación: su cuerpo se cubrió de dura corteza, sus pies fueron raíces que se hincaban en el suelo y su cabello se llenó de hojas. Apolo se abrazó al árbol y se echó a llorar. Y dijo: «Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las personas en señal de victoria».

La transformación la relata Ovidio en el poema Las metamorfosis. Este mito ilustra el origen de uno de los símbolos típicos del dios, la corona de laurel.

Gian Lorenzo Bernini captura la transformación de Dafne con intensa emoción, retratando las diferentes etapas de sus cambios. Al igual que sucede en otra de sus obras, el Rapto de Proserpina, la obra nos pide que interactuemos con ella: vista desde la espalda de Apolo, la figura de Dafne queda oculta, mostrándonos sólo el árbol en que se transforma, de modo que girando alrededor de la estatua tenemos una visión en el tiempo de la metamorfosis de la ninfa. La contraposición de los elementos y el uso del claroscuro reflejan la fuente de la escultura helenística de la que bebe Bernini. También en el periodo helenístico existía esta percepción de Apolo como un muchacho andrógino, joven y delgado, con un peinado casi femenino, aspectos representados también en esta estatua.


Aunque Apolo predicaba la virtud griega de la Sofrosina, la moderación y la sobriedad, esta estatua le muestra persiguiendo desesperadamente a su amor, en vano. Esta escultura se inspiró en el Apolo Belvedere de Leocares. La composición se realiza en plano-relieve, encontrándose llena de dinamismo y difuminación. El grito de horror de Dafne y el rostro perplejo de Apolo nos muestran un contraste de actitudes y aspectos que reflejan el interés por la representación de las esculturas. Esta preocupación por la expresividad muestra una gran utilización del pathos (capacidad del personaje de mostrar sus sentimientos). Dafne parece desconocer su transformación según mira hacia atrás por encima de su hombro, con los labios entreabiertos por el miedo. Su repentina detención, a consecuencia de su transformación, muestra el cabello de Dafne inmortalizado mientras gira. Mientras, Apolo se muestra estupefacto, no puede creer lo que ven sus ojos.

Bernini utiliza una composición abierta, figura tridimensional que permite la visión espacial de todos los ángulos de la escultura, con una gran línea diagonal que otorga a la escultura un gran movimiento y dinamismo a todo el conjunto, especialmente en los ropajes ondeados y en el cabello de Dafne. La posición cercana de los personajes otorga a la obra estabilidad.


EL RELOJ. JUAN GRIS. EL CUBISMO DE UNA BOTELLA DE JEREZ.

"Existe más historia que geografia en una botella de vino". (Jean Kressmann).

El Reloj. (Juan Gris).

En 1912 Juan Gris sitúa una botella de Jerez en su obra ‘El Reloj’. Un collage al óleo sobre lienzo que pone de manifiesto la popularización que tuvo el Jerez fuera de nuestras fronteras en la cercana Francia, a comienzos del siglo XX.

Da igual la marca o tipo de vino, es de Jerez de la Frontera, con eso es suficiente, y más viniendo de unos de los principales representantes del Cubismo Sintético quien, como la mayor parte de los artistas que emigraron a París, pasaría adversidades por conseguir un lugar en las galerías de arte más vanguardistas.

El Reloj, realizado en París en 1912 supone un punto de inflexión en su trayectoria como pintor cubista. Hasta esta fecha su obra recreaba las experiencias compositivas que se venían desarrollando en el estilo desde 1906. Un mundo geométrico y reconocible, de luces y sombras monocromas, que poco a poco va a ir sintetizándose, gracias a la fragmentación de las figuras, cuyas siluetas comenzarán a compartir entre ellas áreas interrelacionadas.

En esta obra, como herencia del Cubismo de Braque, introduce por primera vez la literatura como elemento del collage; dos fragmentos de poemas de Apollinaire que tratan sobre el paso del tiempo y el amor perdido. Junto a otros elementos de carácter realista como el reloj de bolsillo – que da nombre a la obra – o la etiqueta de la Botella de ‘Jerez de la Frontera’, invitan a reflexionar en su conjunto la idea sobra la que tratan los textos.

ARTE CON CHOCOLATE

“Una sola taza fortalece tanto al soldado que puede caminar durante todo el día sin necesidad de tomar ningún otro alimento”. (Hernán Cortes)”.

¿Un arte perecedero? ¿Una provocación de los sentidos? Asombrarse con el impulso de degustar estas bellas obras. Juego y provocación en el que los papeles del artífice se intercambian entre pastelero y artista. La magia y el encanto no solo se encuentra en la pieza artística obtenida, sino en el transcurso que va del pensamiento de la obra a su transformación. En definitiva obras de chocolate ideadas como genuinas esculturas y concebidas para un disfrute de los sentidos y cuyo ultimo fin es ser consumidas no solo atraves del gusto y el olfato sino de la vista consiguiendo una experiencia integral desde el punto de vista sensorial.



CARL WARNER Y SU FOODSCAPES

“Me gusta el modo en que los pequeños aspectos de la natureza se parecen a los grandes". (Carl Warner).

¿Os podéis imaginar un mundo formado sólo de verduras y hortalizas? Pues esa es una de las modalidades fotográficas que tiene Carl Warner, fotógrafo nacido en Londres que asombra por su singularidad, trabajo minucioso y extraordinaria fantasía. Te presentamos una serie de sus conocidas “Foodscapes“, escenarios en los cuales todo lo que ves se puede comer.

Las imágenes están realizadas sobre mesas de 1,2 por 2,4 metros, que previamente ha
introducido en cámaras frigoríficas, evitando así que los alimentos se deterioren antes de hacer la foto.Todo comienza con un dibujo. Una vez concluido y con la ayuda de dos colaboradores (un estilista de alimentos y un maquetista), colocan los alimentos recreando la escena. Primero se monta y se fotografía el primer plano, luego el fondo y, por último, el cielo. Ya con la foto en el ordenador, tocan horas y horas de retoque con Photoshop. Ahora bien para conseguir este cometido, Carl Warner, con todo tipo de embutidos, hortalizas y carne, nos transmite cierto placer visual al juntar la belleza de un paisaje (con una técnica fotográfica perfecta), con la excelencia de ciertos alimentos que ayudan a esa imagen que se transforma en un producto único y convincente en lo que respecta al arte.

Las fotos seran usadas para una cadena de supermercados británica en una campaña publicitária, y Warner tambiém piensa en reunirlas en un libro para promover la alimentación saludable a los niños. Cadenas de supermercados y firmas de alimentación de toda Europa pugnan por sus imágenes. Los supermercados Sainsbury o el fabricante de salsas italiano Saclà no tuvieron inconveniente en pagar por sus obras. Entre sus próximos proyectos está dar movimiento a uno de sus paisajes en un cortometraje de animación. También prepara algo con chocolate para una empresa de helados y planea hacer perfiles de ciudades, algo que ya ha probado con tornillos.

Aunque este fotógrafo es muy popular gracias a las fotos hechas con alimentos, también ha realizado fotografías con otros elementos y igualmente muestra una asombrosa creatividad al realizarlas.


Los elementos comestibles de esta estampa rural, incluyen un carro hecho de pasta de lasaña, campos de macarrones, y nubes de mozarela. Arboles de pimientos y al fondo un pueblecito de queso.


La imaginación de nuestro fotógrafo es impresionante, globos de frutas y legumbres, árboles de brócoli, rocas de patata, sembrados de mazorcas de maíz y pepinos, pueblo de queso, torre de zanahoria.


El mar anaranjado de esta playa , en la puesta de sol, está hecho de láminas de salmón . Patatas y pan forman las rocas. Un barquito hecho de guisante completa el escenário .


En este bosque, los árboles están realizados con brócolis, con guisantes colgados, y los caminos están trazados con comino. Las montañas son de pan y enormes nubes de coliflor adornan el cielo.


En este paisaje los principales elementos son, jamón para el cielo, montañas, árboles y rio, pan para las rocas, palitos de grisines para la casa y pasarela, salami para el tejado.


En esta recreación alpina las estrellas son los fiambres. Palitos de grisines y jamón de Parma se transforman en trineo cercado de montañas de nieve hechas de otros fiambres como jamón York y mortadelas. El jamón de Parma también se encuentra en los picos.


Esta caverna está hecha con productos del mar. Las rocas están hechas de panes, el fondo del mar está hecho con coliflores.

Os dejo con algunas muestras más de la impresionante tecnica de Carl Warner.


Arroz, coco, granos diversos y un cielo de hoja de repollo rojo compones este bucólico paisaje.


Casas de queso , toldos y cestos de macarrones, granos , legumbres y verduras forman esta callejuela.


La escena está inspirada por la obra “El señor de los anillos” y se llama Garlicshire (la comarca del ajo).


El arco iris (un plato), es el fondo perfecto trás la floresta de verduras y patatas.


Cocina italiana con muchas verduras y macarrones. Casas de queso.


Arboles de hojas de col , rocas de boniato , desfiladero de pan y cielo de col lombarda.

LAS OSTRAS EN LA PINTURA.

"La ostra enferma porque tiene la perla: da gracias al cielo, pues te ennoblece con el dolor". (F. Rückert).

Mesa revuelta. (Theodor Smits)

Bodegon con ostras. (H. Loth f.)

Comiendo ostras.(Jacob Lucasz Ochtervelt)

Interior con dos mujeres y un hombre bebiendo y comiendo ostras. (Pieter de Hooch )

Ostras huevos y un pérol. (Luis Eugenio Meléndez)

Bodegon con gato y raya. (Jean Baptiste Simeon Chardin)

Naturaleza muerta. (Pieter Claesz)

Ostras y limones. (Jacob Fopens van Es)

Mesa. (Frans Ykens)

Bodegón. (Osías Beet)
Muchacha con ostras, (Jan Havicksz Steen)

La comedora de ostras. (James Ensor)

Pescado y ostras. (Edouard Manet)

Las ostras. (Georges Braque)

MINIMIAM. UN UNIVERSO GASTRONOMICO.

"Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas". ( Jose María Escrivá de Balaguer).

La japonesa Akiko Ida y el francés Pierre Javele son una pareja de fotógrafos que forman “Minimiam” un universo gastronómico en el que se desenvuelven pequeños personajes creando un mundo imaginario pero con escenas muy reales donde se reproducen, situaciones de la vida cotidiana, con un realismo impresionante, utilizando para ello, los alimentos corrientes de nuestra casa y unos pequeños muñecos a manera de personas.



Observando cada foto podemos comprobar que estos diminutos seres habitantes de un mundo alimentario tan especial, realizan labores muy curiosas. Pequeños obreros que retiran pepitas de una sandia, como si de molestas piedras se trataran, un diminuto jardinero que recorta un supuesto césped que cubre un kiwi, un equipo de pintores que trabajan sobre setas o un planeta imaginario de brócolis.



Este es el viaje de Gulliver pero no Liliput sino al mundo gastronómico. En un ejercicio de fantasía no sería impresionante un mundo en el que todo lo que nos rodeara fuese comestible.Quién no ha soñado con sumergirse en una mousse de chocolate, con cavar una cueva en un queso o una fruta, o con esquiar sobre chantilly…”. Un mundo onírico en el que los alimentos no existirían pues el propio mundo seria nuestro alimento.


Disfrutemos pues de este mundo que Minimiam nos ofrece, deleitémonos y soñemos, a través de esta muestra de cincuentiseis de sus fotografías podremos sumergirnos en el "gastromundo" que a muchos nos gustaría conocer de una forma real. Disfrutad pues, gracias a la labor de estos dos magníficos fotógrafos.





GINGER JARS

"El arte es la única forma de actividad por la cual el hombre se manifiesta como verdadero individuo". (Marcel Duchamp).


Desde tiempos inmemoriales la cerámica china ha prestado especial cuidado a los “ginger jars”, tarros o frascos utilizados para almacenar, transportar y exponer para su venta el jengibre. Elaborados en diversos tipos de materiales y decorados con muy diferentes motivos estos frascos tenían en común una forma parecida, con una boca ancha, un cuerpo globular y una cúpula en forma de tapa. La utilización de los caracteres chinos de “doble felicidad” que aparece en muchos de ellos nos sugiere que se les regalaba en ocasiones especiales como las bodas, y estaban destinados para durar toda la vida. Es común encontrarlos decorados con flores de melocotonero, árbol de significación muy especial en la mitología china. Se cree que estos tarros eran llenados no solo con jengibre sino también con dulces o té y obsequiados para Año Nuevo, para ser devueltos una vez vacios. Sus colores y motivos decorativos no eran caprichosos, sino que estaban cuidadosamente elegidos representando y simbolizando diferentes aspectos. Así los amarillos están destinados como regalo al Emperador ya que este es su color y con inscripciones de deseo de larga vida y salud, como corresponde al jengibre. Los de color rojo simbolizaban el deseo de felicidad y prosperidad para el receptor. Los blancos estaban destinados especialmente para las bodas, llevando el del novio como motivo un dragón y el de la novia un Ave Fenix con una significación de deseo de fecundidad para la nueva pareja. En definitiva ha sido el jengibre el que ha motivado que hoy nos deleitemos con estas magnificas piezas del arte chino, que hoy se han extendido por todo el mundo.