ESPARTACO, OSTRAS Y CARACOLES.



"El placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de las viandas, sino por la reunión de amigos y la conversación" . Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.).




Espartaco

Las ostras y los caracoles fueron metáfora de una pareja que pudo ser y se quedó en proyecto: la que formaban Marco Licinio Craso (Laurence Olivier) y el esclavo Antonino (Tony Curtis) en Espartaco, la película de Stanley Kubrick. El primero se baña, auxiliado por el joven y atractivo Antonino, esclavo griego recién comprado. Craso, que era rico -y caprichoso-, empieza a insinuarse al esclavo con veladas alusiones, mientras éste le hace la espalda, en una gran secuencia que fue prohibida por la censura franquista.

«¿Tú robas, Antonino?». «No, maestro». «¿Mientes?». «No, si puedo evitarlo». «¿Has ofendido alguna vez a los dioses?». «No, maestro». «¿Te reprimes de todo vicio para respetar las virtudes morales?». «Sí, maestro», responde el muchacho, mientras sigue dándole al estrígilo. «¿Comes ostras?». «Cuando las tengo, maestro». «¿Comes caracoles?». «No, maestro». «¿Consideras moral comer ostras e inmoral comer caracoles?». «No, maestro», respondía un Antonino cada vez más apurado. «Por supuesto que no cuestión de gustos, ¿no?». «Sí, maestro». «Y el gusto no es lo mismo que el apetito y por tanto no es una cuestión de moralidad, ¿no?». «Eso sería discutible, maestro». «Mi gusto incluye tanto los caracoles como las ostras», remata quien años después habría de formar con César y Pompeyo el famoso triunvirato, mientras sale del baño y asomándose al ventanal empieza a ilustrar al esclavo sobre la grandeza y la crueldad de Roma, sobre el poder y la gloria.

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