LA PIMIENTA, REINA DE LAS ESPECIAS.


"Dios hizo el alimento y el diablo el condimento.( James Joyce ).

Sin exagerar, podemos afirmar que la pimienta ha modificado en varias ocasiones el curso de la historia; su nombre ha quedado grabado en libros sagrados, se la recuerda tanto en los papiros egipcios como en las obras de Herodoto, y llega a nuestros días con una apariencia quizá democratizada, pero conservando desde luego, su eterno atractivo y sugestiva influencia. Menuda, aparentemente insignificante, atraerá el interés de los poderosos a lo largo del tiempo. Controlar su mercado, su comercio significaba limpia y llanamente adquirir poder; mucho poder. Responsable en primera persona de muchos de los grandes descubrimientos geográficos de la historia y culpable de grandes avances tanto en navegación como en la apertura de rutas comerciales.

Y es que la Historia, así con mayúscula, está formada y determinada muchas veces por elementos tan nimios que solo a través de una detenida reflexión sobre la llevada y traída pimienta, estaremos en condiciones de entender la complejidad de hechos y personajes que llena sus páginas y que en cierto modo, influyeron para el desarrollo de muchos hechos históricos trascendentes.


Árbol de la pimienta. “El libro de la naturaleza”. Siglo XV.


La leyenda narra que un hindú extraviado en el golfo Pérsico, quizá por un naufragio, fue conducido a Alejandría, este hombre no conocía el griego, lengua que por entonces se hablaba en aquel lugar, pero pasados tres días de ayuno y abstinencia empezó a conocer el idioma. Este hombre mostró a sus habitantes la ruta comercial hacia la India. En esos días se hallaba en la ciudad el navegante griego Eudoxo de Cícico que con su navío se incorporó a la expedición, partiendo todos hacia la India, a su regreso su barco vino repleto de especias entre las que se encontraba la que más trascendencia gastronómica tendría a lo largo de la historia, la pimienta. Este hombre, Eudoxo, fue supuestamente el primer europeo que probó y mercadeó la pimienta. Desde ese momento Alejandría se convirtió en el principal puerto comercial entre Europa y Asia construyendo enormes depósitos para guardar especias. Una de las entradas de la ciudad se llamaba la Puerta de la Pimienta. Pronto en los dominios griegos esta aromática baya sustituiría al silfión, mucho más amargo, comenzando a considerarse un producto de gran valor comercial. El gran galeno griego, Hipócrates la recomienda como medicamento, pero los que realmente se volvieron locos por la pimienta fueron los romanos, que la utilizaban bajo el pretexto de digestivo o como poderoso afrodisiaco. No sólo la incorporaron a su dieta sino que también la emplearon para perfumar ambientes. Se convirtió en protagonista para la elaboración de mortadelas, salchichones y salchichas ya que como es sabido tiene la propiedad de evitar la putrefacción de las carnes. La pimienta alcanzó precios elevadísimos, tanto por el producto en sí como por los altos tributos a que estaba sometida. Existe mucha documentación sobre sus impuestos en época de los emperadores Marco Aurelio y Diocleciano.

En occidente se ha considerado un símbolo de virilidad pero también de humillación. Parece ser que esta significación se remonta a la época de los visigodos cuando su rey Alarico asedió Roma y se hizo entregar tres mil libras de granos de pimienta, oro y plata. Posteriormente Atila, rey de los Hunos, actuó de la misma forma.

Durante la Edad Media empezó a utilizarse la pimienta como medio de pago de deudas, impuestos o rentas, e incluso podía entregarse como dote para las hijas de nobles y comerciantes, se le llegaba a mandar a los señores feudales como señal de sumisión y del mismo modo se empleaba tanto en rescates como para el pago de multas judiciales.

Pero fue en el período bizantino cuando adquirió especial importancia esta baya introducida por los alejandrinos en el país, la comercializaron a través de los venecianos siendo en el siglo XIII cuando la pimienta estuvo a punto de cambiar la historia del Mediterráneo cuando el dogo Pietro Zanni propuso a los venecianos trasladar la capitalidad a Constantinopla, en aquella época en poder de los cruzados, para poder monopolizar el comercio de la pimienta, la propuesta fue rechazada en sufragio por un sólo voto. ¿Cómo habría sido la historia si ese voto se hubiera inclinado por trasladar la capital a Turquía?, curiosidades como estas nos hacen meditar sobre la precariedad de nuestra civilización.

A finales del medievo el formidable valor comercial de la pimienta se mantiene intacto, hasta el extremo de que los estibadores del puerto de Londres, uno de los principales puertos especieros de Europa, no podían llevar bolsillos ni dobladillos en sus indumentarias que permitiesen esconder granos de esta cotizada especia. La pimienta era el producto más importado por los europeos, que se utilizaba tanto en cocina como en aplicaciones terapéuticas, incluso algunos historiadores llegaron a considerar esta especia como uno de los factores más importantes de desarrollo comercial de la época preindustrial.


Calle de la Pimienta Sevilla. (Francisco Retamero Sanchez).

Hay momentos o estados de ánimo donde todo se vuelve rutinario, se dice entonces que le falta pimienta. Y la realidad es que la pimienta es la gran especia, forma parte de la gastronomía de todo el mundo y es imprescindible en la elaboración de los más sencillos platos, cócteles y postres. La pimienta da sabor, personalidad y picante a todo lo que preparamos.

La comida sin ella es como amor sin besos, vacía de emoción, pasión y disfrute, simplemente no pasa nada. No concibo una pasta, unas lentejas con huevo frito, una ensalada, un montadito de atún, una planchita de lomo, o un Bloody Mary sin el aroma y sabor de la pimienta, que en perfecta unión con la sal realzan sabores y dan perfumes a la comida.



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