PERLA ROJA DEL VERANO

"Como la flor del cerezo
suave y a paso lento
nació este amor,
el tuyo, el mio, el nuestro."

(Nora Lanzieri)

Ha comenzado el verano, ya podemos degustar una rosa con forma de perla roja. La cereza es el fruto que se obtiene del cerezo, árbol de la familia de las Rosáceas. Los cerezos se han ido extendiendo por todo el mundo durante siglos, sus orígenes se ubican en Asia Menor, donde se conocía y consumía desde el Neolítico.


El historiador griego Herodoto, menciona este árbol por primera vez al relatar cómo vivían unos habitantes de “Scythia”, en lo que se piensa que debía de ser un cerezo. Decía literalmente: “El árbol del cual obtienen su comida se llama árbol póntico. Tiene el tamaño de una higuera y produce frutos grandes como una alubia y tienen un hueso dentro. Cuando este fruto está maduro, lo exprimen con una tela y producen un jugo negro y denso…Ellos chupan su jugo o lo mezclan con leche y se lo beben y con la parte más espesa o sedimento hacen tartas para comer, porque tienen poco ganado y el pasto no es demasiado bueno. Cada hombre hace su casa debajo de un árbol, cubierto en invierno con una tela de fieltro y descubierto en verano. Nadie daña a esta gente, puesto que se consideran sagrados y no poseen armas de guerra.”


Podemos saber por uno de los principales cronistas romanos, Plinio, que la cereza proviene de la antigua colonia griega de “Kerasos”, ubicada en la costa del mar Negro. Las cerezas constituían un cultivo local muy importante, fue Lúculo, general romano conocido por su amor a la gastronomía y que dirigía las legiones en la guerra contra Mitrídates rey del Ponto, quien las descubrió y las llevó a Roma, haciéndose muy populares en todo el Imperio. El origen etimológico de la cereza ha originado muchas discusiones, aunque una de las teorías más aceptadas afirma que los griegos relacionándola con su lugar de origen llamaban a esta fruta "kerasos". Más tarde los romanos adoptaron este término y lo latinizaron denominándola "cerasus", de donde procedería el vocablo actual, cereza.


Desde tiempos antiquísimos al cerezo y su fruto se le han relacionado con dioses y divinidades. En la mitología romana se le vinculaba a Venus, diosa del amor, con el sol y con el verano. Se le contemplaba como un símbolo de inocencia. La relación de este fruto con el amor se aprecia en muchas culturas centroeuropeas, donde desde tiempos inmemoriales está arraigada la costumbre de presagiar el futuro de una doncella en los años venideros, mediante los huesos de las cerezas recién comidas. Las jóvenes se preguntan cuándo contraerán matrimonio. Van cogiendo un hueso tras otro a medida que se contestan “este año, el año próximo, alguna vez, nunca “. El último elegido determina la respuesta. Existe también la tradición de que los novios beban una infusión de flores de cerezo para que les traiga buena suerte en el futuro. En otras ocasiones este árbol se ha relacionado con lo oscuro, lo oculto y mágico. Los hechiceros y brujas de la Edad Media utilizaban una rama de cerezo para realizar sus sortilegios. Aconsejaban el jugo de cereza como afrodisiaco o como remedio para los malestares de la menstruación.


En oriente, principalmente en Japón, el cerezo llamado “sakura” es cultivado como planta de jardinería siendo admirado por la belleza de sus flores. En el país nipón se celebra anualmente la fiesta de “la contemplación de los cerezos en flor” que ellos denominan “Hanami”. Al comienzo de la primavera, las familias salen al campo y a los jardines y parques de las ciudades para comer y beber sake debajo de los cerezos floridos. Los japoneses ven en la flor del cerezo lo que sería el ideal de una vida sencilla y pura. El cerezo en flor representa para este pueblo el símbolo del paso del tiempo y el momento de su floración simboliza un instante feliz en su corta vida, puesto que representa la primavera o renacer de la vida. De hecho, en la sociedad japonesa los sakura representan lo transitorio de la vida humana ya que las flores desaparecen completamente en solo una o dos semanas. Los enamorados aprovechan este momento para declararse amor mutuo. Asimismo, hay un dicho que declara, para desesperación de casi todos los enamorados, que si consigues hacer un nudo con el tallo de la cereza sólo con tu lengua, sin tocarlo con las manos, significa que sabes besar bien.


Muchacho con cerezas (Gysis Nikolaus)

Por su llamativo color y jugosidad, las cerezas son apreciadas para todo tipo de preparados, porque aportan frescor y alegría a cualquier receta en la que estén presentes y son, además, un recurso decorativo y útil en la cocina. En la gastronomía, su presencia produce elaboraciones de insuperable sabor al integrarse a platos salados en salsas para carnes de caza, vinagretas y guarniciones. En postres, sobresale particularmente en pies, tartaletas, tortas y cubiertas, armonizando muy bien con especias dulces, como la canela, la vainilla o el clavo de olor, y de igual forma con los cítricos en general. El cerezo es muy apreciado no solo por su fruto y la belleza de su flor sino además por la calidad de su madera, de crecimiento rápido, fuerte, de veta apretada, idónea para trabajos de ebanistería y tornería y usada también en la construcción de instrumentos musicales. En el mundo de la belleza, muchos cosméticos usan el sabor de cereza para brillos y labiales, y utilizan su atractivo aroma para perfumar cremas hidratantes y champús. Disfrutemos pues de la perla roja del verano.



"Hanami". Contemplación de los cerezos en flor.


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