LA CASTAÑA DEL ARBOL DEL PAN.

Las castañas son la paz
del hogar. Cosas de antaño.
Crepitar de leños viejos,
peregrinos descarriados. 

(Federico Garcia Lorca).

Por los estudios realizados en distintos restos fósiles, la castaña es uno de los alimentos más antiguos de la humanidad, acompañando al hombre desde épocas prehistóricas. Desde tiempos inmemoriales el hombre aprovechó y se alimentó de castañas. Pensábamos hasta hace poco tiempo que era originaria del continente asiático y que fueron introducidas en occidente por los romanos. No obstante, estudios recientes confirman que los castaños ya estaban presentes en Europa mucho antes. 


Castañas. (Lola Cordero).

Se dice que fueron los griegos los primeros en cultivarlos, transmitiéndolo a romanos y posteriormente estos lo divulgaron por su vasto imperio. Fueron las legiones romanas las que introdujeron su cultivo en la península, si bien como antes hemos dicho ya era conocido por los pueblos prerromanos. El castaño fue denominado “arbus panis” (árbol del pan), pues se hacía harina de las castañas secas para alimentarse durante todo el año. El legionario romano subsistía de "bullote", llamada así dicha harina Por relatos que nos han llegado a través de Plinio, todo hace pensar que los legionarios romanos desplazados al norte de la península recibían entre los diferentes víveres de su salario no solo la preceptiva ración de sal, además se les entregaba una cantidad de castañas, para lo que existían unas especiales llamadas, castañas salarianas. Ya Galeno aseguraba que ningún otro fruto salvaje daba más alimento que la humilde castaña.

Las castañas han sido parte fundamental de la dieta atlántica, de aquellos pueblos de las montañas en el que el clima no era apropiado para los cereales. En los cultos celtas, el castaño era venerado por sus druidas, junto al roble, que con el laurel y el tejo formaban parte del bosque totémico prerromano. Tradicionalmente ha sido elemento fundamental en el régimen alimenticio desde finales de Octubre hasta principios de Mayo, aquellos meses en los que, debido a las nieves el alimento no era fácil de conseguir. Hasta el mes de Enero se podían comer frescas y desde este hasta Mayo las denominadas pilongas que eran las previamente secadas con humo. Se consumían naturales, asadas, hervidas, fritas, tostadas, secas, en puré, maceradas en agua caliente, en forma de harina o confitadas en miel, esta ultima forma seria el antecedente del actual “marrón glace”. El motivo de este consumo tan diversificado era sobretodo el precio, la facilidad de encontrarlas y su alto valor nutritivo. Su protagonismo en las mesas más humildes perduró hasta la llegada de la patata y el maíz procedentes del Nuevo Mundo. No solo eran empleadas como alimento, las cascaras del fruto y las hojas del castaño eran utilizadas para oscurecer los cabellos rubios y trituradas para aumentar la cantidad de cabello de los recién nacidos. Se creía que eran buen remedio contra el mal de ojo, y eran colocadas bajo las almohadas durante la noche de difuntos, al ser consideradas las castañas el alimento de los muertos en su tránsito hacia el purgatorio. No cabe duda de que adquieren un especial protagonismo cuando se acerca el día de Todos los Santos o las fiestas de San Martin en muchos pueblos españoles, sobre todo maridando con los primeros vinos y los derivados propios de la matanza.


Con la llegada del otoño, en el noroeste peninsular, para celebrar las abundantes cosechas de castañas que se recogen durante esta época del año, se realiza una fiesta denominada magosto o exaltación de la castaña. Magostar seria el acto de asar castañas y el magosto la hoguera donde se preparan. La gente se suele reunir alrededor de una hoguera donde se procede al asado de las castañas, la costumbre dice que ha de hacerse en el monte, pues nuestros ancestros celtas lo utilizaban como lugar sagrado a falta de altares como se conocen hoy en día.



Castañas (Rafael Molina)

Magia y religión se mezclan también con la historia en un gigantesco «castaño santo» malagueño ubicado en Istán. Es posiblemente el árbol más viejo de toda la Sierra de las Nieves ya que su edad está calculada en torno a los ochocientos y los mil años de antigüedad. El Castaño Santo tiene unos trece metros y medio de contorno y fue declarado Monumento Natural por la Junta de Andalucía. Cuenta la leyenda que en los montes en que se halla este árbol centenario proliferaron grandes gestas a lo largo de la historia. Entre ellas podemos destacar la rebelión de Sierra Bermeja en los inicios del siglo XVI, cuyo testigo más representativo fue el denominado Castaño Santo, bajo cuyas ramas el rey Fernando el Católico ofició una misa de acción de gracias, allá por 1501. Casi un siglo después, la historia se repite. En este caso, el oficiante fue el duque de Arcos, Luis Ponce de León, quien, por mandato de Felpe II, puso fin a la rebelión morisca de 1570.


El castaño santo de Istan.

Hemos visto pues que la simple castaña, ha beneficiado al hombre a lo largo de la historia, así pareció entenderlo Pablo Neruda con su Oda a la castaña:

"Del follaje erizado
caíste completa,
de madera pulida,
de lúcida caoba,
lista como un violín que acaba
de nacer en la altura,
y cae
ofreciendo sus dones encerrados,
su escondida dulzura..."


Fiesta del magosto

Es una de las fiestas más tradicionales del Bierzo. Se celebra en torno al día de todos los Santos y la celebración gira en torno a la castaña. Esta se asa en tambores de chapa al fuego y las gentes aprovechan para reunirse, contarse historias , cantar y echar unos tragos de vino.

EL LAUREL, GLORIA O VICTORIA.

¡Oh laurel divino, de alma inaccesible,
siempre silencioso, lleno de nobleza!
¡Vierte en mis oídos tu historia divina,
tu sabiduría profunda y sincera!
(Federico Garcia Lorca).

El laurel es un árbol natural de la cuenca mediterránea, donde crece silvestre en muchos lugares. Alrededor del laurel hay toda una cultura, su nombre científico, “laurus nobilis”, que lo califica como noble, hace alusión a la condición que se le asigna a este árbol desde antiguo. Como muchas otras plantas, son numerosas leyendas las que hay en torno a él, algunas procedentes de la Grecia clásica, relacionadas con dioses y ninfas. De hecho el termino laurel, en griego significa Dafne, nombre de una de las ninfas de las que se enamoró Apolo.

Cuenta la mitología griega que Apolo cautivado por Dafne, hija del dios rio Ladón y la diosa Gea, sintiéndose acosada por éste, pidió ayuda a su padre. Atendiendo a sus súplicas y para que escapara del acoso de Apolo la convirtió en laurel. Éste, desconsolado por la pérdida, hizo del laurel su árbol sagrado, adoptándolo como símbolo propio y cortando algunas ramas se hizo una corona. Desde entonces el árbol ha sido asociado al dios Apolo. También cuenta la leyenda que Zeus mató con un rayo a Asclepio, hijo de Apolo, herido por el fallecimiento de su hijo dio muerte a flechazos a los Cíclopes, forjadores del rayo. De ahí viene la creencia de que el laurel no podía ser alcanzado por los rayos y comenzó a utilizarse como protector contra las tormentas. De este modo, los laureles colocados en las entradas de las casas, amparaban a sus moradores haciendo las veces de pararrayos. Además quedó como símbolo de la victoria y el honor y se le concedía como premio en forma de corona a poetas, artistas, atletas y guerreros.


Rama de laurel. (William Adolphe Bouguereau)

Este simbolismo se ha mantenido a lo largo de la historia, de tal manera que se dice que una persona ha sido laureada o coronada de laureles cuando, debido a una acción digna de ello, se la ha distinguido con honor y gloria. En la Edad Media, cuando alguien finalizaba sus estudios se le coronaba con laurel, pero con una rama que mantuviese sus frutos en forma de baya, simbolizando que había cuajado el fruto del estudio y el afán de aprender. Por eso se le llamaba “baccalaureatus” o lo que es lo mismo, laureado con bayas, origen de nuestro termino bachiller.

Por ser un árbol adecuado para provocar la ignición mediante el frotamiento y por la capacidad que se le atribuía de suscitar sueños proféticos, tanto griegos como romanos lo consagraron a Apolo, divinidad solar protectora de la sabiduría, la creación artística, la poesía, la música y las artes adivinatorias. En efecto, al ser Apolo el dios de la profecía, existía la costumbre en los oráculos de arrojar hojas de laurel al fuego, y si crujían era un buen augurio, por el contrario, sino ocurría así era señal de malos sucesos. Aunque en principio el laurel era utilizado para coronar a los sacerdotes y poetas, con el paso de los siglos, especialmente entre los romanos, sus ramas terminaron simbolizando la gloria, principalmente la que se obtiene en la guerra con el triunfo, y en la paz mediante la práctica del poder, causa por la que se utilizó para coronar a los generales invictos y a los emperadores, para adornar las lanzas de los soldados, las proas de las naves vencedoras, los mensajeros, las cartas y las tablillas que traían buenas noticias. Como signo de triunfo militar, la corona de laurel es una figura que aparece repetidamente en la literatura del Renacimiento y del Barroco.

Por otra parte el laurel, por su belleza y su verdor perenne, suele formar parte de los paisajes ideales y bucólicos del mundo clásico. También señalaremos que el laurel aparece de manera ocasional en recintos funerarios, en que sin perder el significado que le es propio de gloria y victoria, también denota igual que otras especies vegetales presentes en tales lugares, las ideas de paz, recuerdo, permanencia e inmortalidad del alma. Apuntaremos pues que mientras en la religión católica, el sauce, la palmera, el roble, el olmo y sobre todo el cipres son arboles típicos de los cementerios, en la antigüedad debió de ser corriente la presencia del laurel con idénticos fines. El laurel como emblema de amor lo ha propiciado el mito divulgado por Ovidio, antes mencionado, de Apolo y su amada ninfa Dafne, amor nunca correspondido, quedando este como un símbolo esencialmente romántico. Los ruegos y suplicas de Apolo nunca tuvieron respuesta por parte del endurecido corazón de la ninfa, con lo que esta historia ha quedado como ejemplo del amor triste, mal correspondido o desdichado. Así lo refleja mi admirado Garcilaso en uno de sus sonetos: "Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía este árbol, que con lágrimas regaba".


Apolo es el dios griego del sol y la luz, cae perdidamente enamorado de la ninfa Daphne pero esta no le corresponde. Huyendo de los ruegos amorosos del dios la ninfa encuenta un trágico y poético final.

JAMES Y EL MELOCOTON GIGANTE.

..........Y ya llego el fin de mi canción:
Son estos platos lo mejor entre un millón,
pero sin dudarlo yo daría
miles de ellos cada día,
por un único y solo bocado
de este melocotón amado.
( Roald Dahl )


James y el melocoton gigante

“James and the giant peach”, conocida también en España como “James y el melocotón gigante” es un libro escrito por Roald Dalh del cual se existe una película de Walt Disney producida en 1996 por Tim Burton y dirigida por Henry Selick.


James y el melocoton gigante 

James es un niño huérfano que vive con sus malvadas tías que lo maltratan sin cesar. En el jardín hay un melocotonero que no da frutos y lleva así muchos años. Cierto día un extraño personaje ofrece a James unos polvos mágicos. Accidentalmente caen en la tierra al lado del árbol y al día siguiente surge entre sus ramas un melocotón que comienza a crecer de forma desproporcionada hasta convertirse en un enorme fruto, más grande que el propio James. Sus tías, aprovechándose del fantástico suceso, se lucran cobrando a todo aquel que desea ver el fenómeno. Un día en que el hambre acuciaba a nuestro protagonista, éste come la jugosa carne del fruto hasta que llega a su semilla del interior; allí descubre perplejo, un habitáculo con unos moradores sorprendentes: un saltamontes, una araña, una mariquita, un gusano de seda, una luciérnaga...etc. Con estos personajes, James habrá de vivir unas fabulosas aventuras cuando el melocotón cae rodando al suelo hasta dirigirse al mar donde efectuarán una fantástica travesía.


James y el melocoton gigante II.

GINGER JARS

"El arte es la única forma de actividad por la cual el hombre se manifiesta como verdadero individuo". (Marcel Duchamp).


Desde tiempos inmemoriales la cerámica china ha prestado especial cuidado a los “ginger jars”, tarros o frascos utilizados para almacenar, transportar y exponer para su venta el jengibre. Elaborados en diversos tipos de materiales y decorados con muy diferentes motivos estos frascos tenían en común una forma parecida, con una boca ancha, un cuerpo globular y una cúpula en forma de tapa. La utilización de los caracteres chinos de “doble felicidad” que aparece en muchos de ellos nos sugiere que se les regalaba en ocasiones especiales como las bodas, y estaban destinados para durar toda la vida. Es común encontrarlos decorados con flores de melocotonero, árbol de significación muy especial en la mitología china. Se cree que estos tarros eran llenados no solo con jengibre sino también con dulces o té y obsequiados para Año Nuevo, para ser devueltos una vez vacios. Sus colores y motivos decorativos no eran caprichosos, sino que estaban cuidadosamente elegidos representando y simbolizando diferentes aspectos. Así los amarillos están destinados como regalo al Emperador ya que este es su color y con inscripciones de deseo de larga vida y salud, como corresponde al jengibre. Los de color rojo simbolizaban el deseo de felicidad y prosperidad para el receptor. Los blancos estaban destinados especialmente para las bodas, llevando el del novio como motivo un dragón y el de la novia un Ave Fenix con una significación de deseo de fecundidad para la nueva pareja. En definitiva ha sido el jengibre el que ha motivado que hoy nos deleitemos con estas magnificas piezas del arte chino, que hoy se han extendido por todo el mundo.





MELOCOTON, MANJAR DE TERCIOPELO.

"Si me das un melocotón, te corresponderé con una ciruela". (Proverbio chino).

El melocotón es originario de China, aunque su nombre científico “Prunus pérsica” puede inducirnos a pensar en un origen persa del mismo, de donde se creía que procedía en un principio, de ahí dicha denominación. A Persia llegó a través de las primeras rutas comerciales, motivo por el que en ocasiones, haya sido conocida como fruta pérsica. La palabra melocotón procede del latín “malum cotoneum”, que en realidad significaba, membrillo. Al parecer esto se debe a que las variedades más resistentes a las plagas se conseguían injertando el melocotonero en un membrillo. También es conocido con el nombre de durazno, llamado así por que su piel es más dura que la de otras especies del genero “prunus” como la ciruela o el albaricoque, término empleado principalmente en América latina, aunque aparece documentado en español antes que el de melocotón y como tal lo recoge el diccionario de la Real Academia Española de la lengua.


Porcelana china. "Los ocho inmortales"

En Oriente, esencialmente en China y Japón no solo ha sido conocido como fruta habitual sino por las muchas leyendas y tradiciones populares que ha generado. En la mitología China, el melocotón era consumido por los inmortales, pues según sus creencias entre sus místicas virtudes poseía la de conferir longevidad a todos los que lo comieran. Yu Huang o el Emperador Amarillo, santo principal de todos los taoístas, tenía una esposa llamada Xi Wangmu, igualmente conocida como la Reina Madre del Oeste, que garantizaba la vida eterna de los inmortales alimentándoles con los melocotones de la inmortalidad. Se dice que los que vivían en el palacio de la Reina madre del oeste realizaban un fantástico banquete llamado “Pantao Hui” o el “Festival de los melocotones”, esta impresionante celebración se efectuaba cada seis mil años, puesto que el melocotonero daba hojas una vez cada tres mil años y su cosecha tardaba en madurar otros tres mil. A esta fiesta tuvieron ocasión de asistir “Los ocho inmortales” grupo de deidades de la mitología China, el citado hecho es relatado en una de las obras más importantes de la literatura China “Los ocho inmortales cruzan el mar”. Uno de estos dioses Zhang Guo Lao, conocido también como “Maestro del profundo conocimiento”, es a menudo representado portando un melocotón de la inmortalidad. Las estatuas de marfil que representan a los siervos de Xi Wangmu sostienen frecuentemente tres melocotones. En la antigua China la palabra melocotón, debido a su suave textura al tacto y su delicioso sabor, era utilizada para referirse a una joven prometida, expresión que ha permanecido en muchas culturas como una forma de definir a las jóvenes bonitas, “esta como un melocotón”. A la madera de este frutal los chinos le atribuyen el poder de proteger contra los malos espíritus.

En Japón el protagonista de uno de los relatos tradicionales más populares es Momotaro. Cuenta la leyenda que una pareja de ancianos que no podía tener hijos, un día fueron bendecidos con un niño nacido de un melocotón gigante que encontraron flotando en un rio. Le pusieron de nombre momo que significa en japonés durazno o melocotón y taro que en dicho idioma define la condición de varón quedando por lo tanto bautizado como Momotaro. Cuando se hizo mayor se convierte en un gran héroe y adopta la decisión de recuperar un tesoro que se halla en isla de los demonios, acabando con ellos y salvando a los aldeanos del lugar de sus maldades. Desde entonces “el niño melocotón” es uno de los héroes históricos de los nipones. En Japón, la flor del melocotonero simboliza la virginidad.

Son muchos los postres que podemos realizar con esta fruta, pero quizás el más famoso de todos sea el melocotón Melba. Fue Auguste Escoffier, uno de los más reputados cocineros de finales del siglo XIX quien lo ideó y dedicó a la soprano australiana Nellie Melba. En una ocasión tuvo la fortuna de ofrecerle una comida y fue cuando aprovechó la ocasión y le sirvió en una gran fuente de plata, un cisne tallado en un gran bloque de hielo; entre las alas puso los melocotones pochados en almíbar, reposando sobre una cama de helado de vainilla y cubiertos con un velo de azúcar hilado. El resultado fue sorprendente y Madame Melba se mostró muy satisfecha con la generosidad de Escoffier. Tiempo después, volvieron a coincidir en el Hotel Ritz de París, y en el transcurso de una conversación, ella le recordó su inspiración gastronómica; para entonces, el chef había constatado que los melocotones simplemente acompañados de helado no le convencían y pensó que algo les faltaba. Ese algo fue el delicado perfume de las frambuesas frescas. El conjunto del helado a la vainilla, los melocotones y la frambuesa fue la solución al problema.


Melocotones, (Claudio Bravo)

No debemos olvidarnos de una de las características más destacadas del melocotón, su aroma. Su agradable fragancia, hace que se utilice en multitud de cosméticos, champús, cremas corporales, suavizantes capilares, cremas hidratantes y perfumes.

Que tu delicado sabor, tu atractivo aroma y tu aterciopelada piel continúe siendo motivo de nuestra incondicional admiración.

LA MAFIA SE SIENTA A LA MESA.

“La mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo.” William Shakespeare (1564 - 1616)



Pocos saben que los "padrinos" de la Mafia preparan los menús de sus ágapes con el mismo esmero que sus crímenes. Ya desde sus comienzos, la Honorable Sociedad se ha reunido en torno a los manteles para festejar aniversarios o éxitos, urdir estrategias... o poner fin a los días de algún miembro de la Familia. En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas que ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa, como la organizada para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsala en 1860 o la que celebraba la toma del Bronx por Maranzano. Así, entre bocado y bocado, los nombres de Mussolini, Roosevelt o Churchill se mezclan con los de don Vito, Calogero Vizzini o Lucky Luciano en este suculento libro, que, para satisfacción de los gourmets, ofrece los menús, las recetas y los vinos de los festines mafiosos más relevantes.


EL JENGIBRE, RAIZ DE LA VIDA.

"Soy el niño de jengibre por la boca tengo miel, por los ojos tengo pasas, y con ellos puedo ver". ( Cancion popular de Puerto Rico ).

El jengibre es una planta procedente de las zonas tropicales del subcontinente asiático. Su nombre proviene de un vocablo sánscrito “sringavera” que significa en forma de cuerno. Tiene un aroma cálido, con notas frescas de madera y un fondo dulce, con sabor agrio, picante y ligeramente amargo. Tubérculo ramificado con forma de mano, a cuyos apéndices denominamos rizomas, siendo estos la parte fundamental de la planta desde el punto de vista culinario.


El consumo de esta raíz, lo llevamos a cabo de forma natural, deshidratada en forma de polvo o bien confitada. No solo es un condimento muy valorado sino que además ha sido utilizado con fines curativos desde hace miles de años. Tanto en la medicina natural de la India como de China el lugar que ha ocupado a lo largo de la historia ha sido muy importante. Los textos médicos de China del siglo IV a.C. sugieren que el jengibre es positivo para el tratamiento de náusea, diarrea, dolores de estómago, cólera, dolor de dientes, hemorragias y reumatismos. El jengibre fue empleado por los herbolarios chinos para tratar una variedad de enfermedades respiratorias, incluyendo tos y las primeras etapas del resfriado. Su influencia en la comida china, le adjudicó la categoría de yang, o comida picante, la cual equilibra la comida fría, o ying, para crear armonía. En la India lo consideraban un purificador físico y espiritual que se utilizaba en las celebraciones religiosas porque les dejaba un olor dulce y, por lo tanto, presentable para los dioses.

Los comerciantes árabes transportaron la raíz de jengibre de China a la India para ser utilizada como condimento en alimentos de la antigua Roma y Grecia, y según los registros de impuestos del siglo II d.C., se muestra que el jengibre era una importante fuente de ingresos para la tesorería romana. Después de la pimienta, era el jengibre la segunda especia preferida de los romanos. Los antiguos griegos adoptaron el jengibre como auxiliar digestivo y lo comían envuelto en pan, de ahí proviene el actual pan de jengibre, elaborado como una galleta, aromatizado con dicha especia y que tiene a veces formas singulares: corazones, casas e incluso con formas humanas. Tradicionalmente son elaboradas en casa aunque se pueden localizar en casi todos los supermercados del norte de Europa, donde gozan de mucha popularidad. Es costumbre servirlas a los invitados en época navideña.

El Corán, narra que en el Jardín de las Delicias, los musulmanes justos, que por estar muertos, no son espíritus puros, encontrarán jengibre para honrar a las huríes. Tal como establece una de las suras del libro sagrado “una mezcla de vinos exquisitos aromatizados con jengibre es su bebida”.

En la cocina medieval europea, el jengibre desempeño un papel de gran importancia en el conjunto de especias utilizadas. En Francia su uso fue copioso en relación a otros países, debido esencialmente a que, en la cocina medieval francesa, existía un gusto mayor por los sabores ácidos que queda manifestado en los libros de recetas. Enrique VIII apreciaba mucho el jengibre y sus poderes curativos y así lo atestigua una receta que envió al alcalde de Londres como remedio contra la peste. A través de los árabes llegó a Europa el jengibre confitado, que se elaboraba y aún se sigue haciendo en los países asiáticos, exponiéndose para su venta en grandes tarros de porcelana, los “ginger jars”. Como en 1553 el jengibre seguía siendo muy caro, Nostradamus recurrió a elaborar este confite con la raíz del cardo azul de las dunas y las perfumó con un trozo de jengibre, de esta forma se economizaba bastante.



Ginjer jars

El jengibre fresco no solo es muy utilizado en las gastronomías orientales aromatizando salsas, carnes, pescados, mariscos, pollo, casería, arroz, sopas, sino que también se usa en mermeladas, frutas confitadas y golosinas.

En Japón se emplea marinado para acompañar al sushi y el sashimi, y en Occidente, el jengibre molido se utiliza para aromatizar, pasteles, pan de especias y compotas. El jengibre hay que usarlo con cuidado ya que es muy fuerte de sabor, algo picante y muy aromático, lo que significa que al utilizarlo debemos ir probando hasta conseguir el sabor deseado, tiene como peculiaridad que a medida que lo cocinamos se torna agradable, perdiendo su sabor picante, pero nunca su aroma. En muchos casos el aceite de esencia de jengibre se emplea en la fabricación de cervezas y bebidas gaseosas, entre estas últimas ocupa un lugar destacado el ginger ale.


En definitiva, el jengibre es uno de los más importantes condimentos, no sólo por su uso gastronómico sino también por sus propiedades medicinales, las cuales hemos ido descubriendo a través de los años, considerándolo durante mucho tiempo “raíz de la vida”.

EL CONEJO DE LA SUERTE.

Conejos y embustes, igualmente rápido se reproducen. (Refranero).

El conejo, sabemos de su existencia vinculada al ser humano desde los primeros tiempos. En principio habitaba en toda Europa como así lo demuestran restos fósiles, pero con motivo de la última glaciación se fueron desplazando hacia la Península Ibérica y norte de África, siendo en estas zonas donde comienza su historia de convivencia con el hombre. Son ellos los que dan nombre a nuestro país, pues el termino España procede del latino Hispania, este a su vez es probable que derive de la expresión fenicia “i-spn-ya” cuyo significado es “tierra de damanes” debido al gran número de conejos que los fenicios encontraron a su llegada a la península. Si bien es cierto que al principio los confundieron con damanes, roedores de similar aspecto, habituales en Oriente Medio. Los romanos le dieron por tanto a Hispania el significado de “tierra abundante en conejos”.



Chico con conejo. (Henry Raeburn).

Amado y odiado simultáneamente, puesto que su abundancia se traducía en la devastación de cosechas y su escasez en un desequilibrio del ecosistema, ya que son numerosas las especies esencialmente carnívoros que su densidad de población está estrechamente unida al número de conejos existentes, por ser estos su principal fuente de alimentación, pasando de esta manera a ser parte determinante en la cadena alimenticia del ecosistema en el que habitan. Desempeñan de igual modo un papel importante con su actividad excavadora que favorece la ventilación, mezcla y renovación de los suelos. Además sus excrementos sirven de abono y nutriente, permitiendo el óptimo desarrollo de un gran número de plantas. Son transportadores de semillas contribuyendo de esta forma a la difusión de las especies vegetales. En general el conejo contribuye de forma muy positiva al equilibrio del ecosistema mediterráneo.

Su nombre proviene del latín “cuniculus” que era el nombre que le dieron los romanos a los túneles o galerías que hacían en el subsuelo para hacer sus madrigueras y esconderse. Era tan abundante el conejo en nuestro territorio que Catulo, uno de los poetas más reconocidos del Imperio, para referirse a Hispania decía de ella en un tono tal vez peyorativo “cuniculosa celtiberia”. Los romanos fueron los primeros que valoraron la importancia gastronómica del conejo, dando lugar a un primer desarrollo de la cunicultura o arte de criar conejos, para ello tenían recintos expresamente dedicados a dicha actividad que llamaban “leporarias”. Era un animal muy apreciado en la cocina romana, siendo una gran fuente de proteínas. Por escritos de Apicio sabemos que se cocinaban ahumados o en salsa, constituían bocados exquisitos los embriones de conejo asados.


En la religión cristiana, el conejo, símbolo de fertilidad por lo prolíficas que son sus hembras, tiene un gran significado al final de la Semana Santa. Un protagonismo repartido con los huevos de chocolate decorados. La tradición nos relata que cuando Jesucristo fue metido en el sepulcro, allí dentro se quedó encerrado un conejo que, muy extrañado y sin comprender lo que ocurría, advertía que todo lo que había a su alrededor era triste y penoso. El animalito permaneció fascinado cuando presenció como único testigo la resurrección de Cristo. Corrió veloz para anunciar la buena nueva a su vecindad. Ya que los conejos no hablan, utilizó el simbolismo de los huevos, que en la cultura egipcia representaban buenas noticias en función de los colores que mostrase su decoración. Por eso, cada Domingo de Pascua es costumbre obsequiarse conejos y huevos de chocolate entre padrinos y ahijados.



Bodegón con conejo. (Gerardo Sacristan Torralba).

La costumbre del conejo de Pascua se remonta a las festividades anglosajonas precristianas, cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Easter, a quien se le dedicaba el mes de abril, sinónimo de noticias positivas en las culturas más diversas del mundo. Desde las creencias orientales hasta la religión católica, allá donde aparece este animal, los hechos que se van a producir son buenos y el ambiente que se crea es muy favorable siendo signo de buena suerte. Progresivamente, se fue incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX, se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar en Alemania, de donde es originaria la costumbre.

En un momento de escepticismo como la época en la que vivimos, la pata de conejo sigue siendo uno de los amuletos favoritos para atraer la buena fortuna. La noche del estreno de una obra de teatro, los actores se maquillan con una pata de conejo. Para desearle buena suerte en la vida, se frotaba la frente de los recién nacidos con una pata. Los conejos también fueron vinculados con la oscuridad, la brujería y el demonio, por cobijarse en madrigueras bajo tierra, por lo que poseer la pata de un conejo como amuleto era signo de relación con fuerzas ocultas. Otra creencia, originada en las islas Británicas antes de la llegada del cristianismo, mantenía que los conejos, como lo fueron los gatos en la Edad Media, eran brujas disfrazadas, y que sólo se podían matar con una bala de plata.


Que a pesar de las dificultades por las que atraviesa en la actualidad la población de conejos, debido a múltiples factores, tengamos la fortuna de que se recupere y continúe siendo esa parte tan fundamental en nuestro ecosistema, ¡buena suerte, conejo!.

LA CANELA, DULCE MADERA.

" Azúcar y canela, hacen la vida buena". ( Refranero ).

Su nombre proviene del vocablo griego “kínamon”, nombre con el cual los helenos se referían a esta especia originaria de la isla conocida como la "lágrima de la India": Sri Lanka, antiguo Ceilán. Puesto que al extraerse las cortezas internas del árbol del que proceden, estas toman forma de pequeñas cañas o cánulas. Es probable que se haya tomado la palabra latina en diminutivo “cannella” para convertirla en canela. En español también es conocida con el término cinamomo.


En China es conocida desde el año 2500 a.C. considerándola un producto tan valorado como el oro. No obstante existen otras zonas donde fue utilizada para ofrendas religiosas como en Oriente Medio, donde el primer manojo se ofrecía al sol y con el segundo se encendía el fuego sagrado para sus sacrificios a los dioses. También los habitantes del Antiguo Egipto fueron conocedores de las propiedades de esta especia, comerciando con ella y otras plantas aromáticas como la mirra. Algunos jeroglíficos descubiertos en un templo revelan que la reina egipcia Hapshepsut envió sus barcos a Somalia y estos regresaron repletos de árboles de canela, incienso y mirra. Es la razón por la cual en el mundo antiguo la zona de Somalia y Etiopía fueron conocidas como el país de la canela.

El pueblo hebreo guarda también una gran devoción por la canela pues es uno de los componentes del “aceite de la unción santa”. Este se encuentra en la biblia, en el antiguo testamento y sus normas de preparación fueron indicadas a Moisés por Dios. Habló el Señor a Moisés, diciendo: “Toma también de las especias más finas: de mirra fluida, quinientos siclos, de canela aromática, la mitad, doscientos cincuenta, y de caña aromática, doscientos cincuenta, de casia, quinientos siclos, conforme al siclo del santuario, y aceite de oliva. Y harás de ello el aceite de la santa unción, mezcla de perfume, obra de perfumador, será aceite de santa unción”. Este aceite era usado para la santificación de la Casa de Dios, el tabernáculo donde Dios descendía y hablaba por medio del Arca de la Alianza.


Tanto griegos como romanos la utilizaban como aromatizante de sus vinos. Para los primeros representaba a la diosa del amor, Afrodita, de ahí la popularidad de esta especia para atraer el amor y estimular el deseo sexual. Los romanos no la introducen en la cocina hasta el final del imperio. Tanto Plinio en su “Historia Natural” como Dioscórides en “De la materia médica” y Ptolomeo, describen esta especia y confirman siguiendo a Herodoto, que la introducción de la canela se realiza a través de los asentamientos egipcios del Mar Rojo, bien desde Etiopía o desde la costa árabe opuesta. En la época de Herodoto se propagaron mitos fabulosos en los que se narraba que para coger canela había que realizar trabajos asombrosos, con esta táctica se pretendía disuadir a los competidores, elevar los precios y mantener oculto el lugar de explotación de esta especia. Los emperadores romanos utilizaban la canela como perfume, existían unos personajes llamados los “seplasarii” o perfumistas que la vendían a la puerta del Capitolio. Según nos cuenta Galeno todos los emperadores guardaban entre sus tesoros cofres repletos de canela. Livia, la mujer de Augusto mandó erigir en su honor, un templo en torno a un gran trozo de canela depositado en una copa de oro. De igual forma también se dice que el emperador Nerón asesinó a su esposa en un ataque de ira y luego como señal de arrepentimiento ordenó quemar en su pira funeraria toda la canela que se hallaba almacenada en la ciudad de Roma.


Vasco de Gama descubridor de la ruta por mar hacia la canela

Fueron los árabes quienes comerciaban principalmente desde Ceilán y así se mantuvo hasta la llegada de un personaje de vital importancia en el mundo de las especias, Marco Polo. Éste y su familia tenían el conocimiento de que Ceilán no sólo era el lugar del mundo de mayor producción de canela sino también la de mejor calidad, circunstancia que mantuvieron oculta con objeto de no perjudicar el monopolio que Venecia ejercía sobre el comercio de la misma, y que se prolongó durante los siglos XIII y XIV durante los cuales los venecianos fijaban el precio de la canela que se había convertido ya por entonces en un elemento fundamental en la gastronomía medieval.

Posteriormente los portugueses al frente de los cuales estaba el gran navegante Vasco de Gama abren la ruta hacia las indias circunnavegando África y toman Ceilán en los primeros años del siglo XVI, encontrando en la isla gran cantidad de canela en estado silvestre y obligando al rey de este país a pagar un tributo anual de 12.000 kg. Durante cinco décadas mantuvieron el control de la explotación y comercio de la especia. Fueron a continuación los holandeses quienes ocuparon la isla en el siglo XVII beneficiándose de su cultivo durante siglo y medio, luego los británicos mediante la Compañía de las Indias Orientales adquirieron el monopolio hasta que finalizando el siglo XVIII se liberó su cultivo y comercialización.


Seguramente por su aroma, por su especial sabor o por sus innumerables aplicaciones terapéuticas, la canela ha estado siempre rodeada de un halo de romanticismo. En el lenguaje victoriano de las plantas, su significado es “mi fortuna es la tuya”, a lo cual podríamos agregar que la nuestra es el haberte conocido.


LA MANZANA DORADA.

Te lanzo una manzana: y tú, si accedes a quererme,
acéptala y entrégame a cambio tu virginidad.
Pero si piensas lo que ojalá no pienses, tómala igualmente
y reflexiona qué efímera es la mocedad.
(Platón)

Desconocemos el origen exacto del manzano, unos lo sitúan en China, otros en Trapisonda, en la Turquía asiática a orillas del Mar Negro. En lo que parece que todos están de acuerdo es que se trata de un árbol silvestre, pero el hombre pronto lo cultivó perfeccionándolo y llevándolo en sus movimientos migratorios por Asia, Europa, África y finalmente América. El nombre actual de su fruto, la manzana, proviene del latín. Aunque esta lengua tenía una palabra “poma” con el significado de manzana que ha dado lugar a algunos términos en las lenguas romances, de los cuales el más evidente es el francés “pomme”. No obstante dicho vocablo cayó en desuso prefiriendo el sinónimo “mattiana” forma plural de (malum) mattianum, es decir, (manzanas) de Mattius, nombre de una variedad de manzana llamada así en honor de un injertador romano llamado Matios o Mato, que consiguió las mejores manzanas gracias a los injertos, y fue el que dio el nombre de "manzana" a la fruta del manzano.

Sus connotaciones y su simbología son enormes, en la mitología griega y romana las manzanas son símbolo de amor y belleza. La diosa griega Atalanta se negó a casarse a menos que el pretendiente pudiese derrotarla compitiendo en una carrera. El joven Hipomenes aceptó el desafío contando para ello con la ayuda de Afrodita que le proporcionó tres manzanas de oro que el joven fue arrojando al paso de la diosa, logrando con ello retrasar a Atalanta que se detuvo a recogerlas, perdiendo la prueba por lo que se convirtió en su esposa.


Hipomenes y Atalanta. (Jacob Peter Gowy)

No acaba aquí ni muchísimo menos las referencias a las manzanas en el mundo clásico. En el occidente extremo se hallaba el jardín de las Hespérides, que era el huerto de la diosa Hera, en él crecían en un solo árbol manzanas doradas que otorgaban la inmortalidad. Hera situó en este jardín un dragón de cien cabezas que nunca dormía llamado Ladón, como medida de defensa adicional, para que no fueran sustraídas las doradas frutas. El undécimo trabajo de Heracles fue robar las manzanas de este jardín.

Cuenta otro relato mitológico que Zeus preparó un banquete para festejar la boda de Peleo y Tetis, pero en la lista de invitados no incluyeron a Eris, diosa de la discordia. A pesar de todo acudió lanzando entre los invitados una manzana dorada con la inscripción “para la más bella”. Tres diosas pretendieron la manzana para sí, Hera, Atenea y Afrodita. Zeus dispuso que Paris de Troya zanjase quien debía ser la justa poseedora de la manzana. De este modo cada una de las diosas ofreció a Paris un regalo. Hera le prometió que le otorgaría poder sobre los hombres, Atenea le concedería sabiduría y por ultimo Afrodita le aseguró el amor de la mujer más bella del mundo, Helena. Paris opto por Afrodita y Helena abandonó a su esposo, Menelao, precipitando y dando lugar de esta manera a la guerra de Troya. Así, la “manzana de la discordia” se convirtió en expresión para aludir al foco, meollo o quid de un argumento, o para un asunto menor que podía llevar a una gran disputa. Afrodita, diosa del amor y del placer sexual, se la reproducía con una manzana en la mano. Probablemente esto fue recogido por diferentes pueblos y terminó plasmado en la Biblia. Símbolo de la Tierra en la iconografía cristiana por su redondez, lo es de las tentaciones terrenales por su bello color y gusto dulce, de ahí su aparición en las figuraciones del pecado original.
Entre los pueblos celtas, el manzano era uno de los siete arboles sagrados. Para ellos era símbolo de inmortalidad, perfección y pureza. Sus flores eran el signo del amor y la fertilidad, siendo ofrendadas a sus dioses, ya que habían observado que el manzano se desarrolla en plena armonía con el ritmo anual del sol como ningún otro árbol.

En la mitología nórdica las manzanas doradas conceden la inmortalidad a los dioses. Idunn, la diosa de la primavera, es la encargada de custodiar las manzanas de oro. Era la encargada de llevar la ración diaria de las mágicas frutas a los dioses, para que se mantuvieran siempre jóvenes. En una ocasión Idunn fue secuestrada por un gigante y los dioses comenzaron a envejecer de forma acelerada. Una vez liberada la diosa de la primavera, los dioses recuperaron su aspecto juvenil y su inmortalidad.

En la religión cristiana tiene un significado y simbolismo crucial. Dios creó a Adán y Eva, los ubicó en el paraíso y les dijo que podían hacer lo que quisieran, excepto una cosa, comer del “árbol de la sabiduría”. Los jóvenes tenían la expresa prohibición de comer del fruto del “árbol del conocimiento del bien y del mal” y se les explicó que si desobedecían a su padre celestial, morirían. Sucumbieron a la tentación de comer el fruto prohibido, imagen representada en la iconografía cristiana por una fabulosa manzana. Este fue el camino del hombre hacia la mortalidad. Ambos fueron alejados del árbol de la Vida; ella fue condenada a “parir con dolor” y él a “obtener el pan con el sudor de su frente”. Por comer del árbol de la ciencia del bien y del mal se castigará al hombre a una vida de sufrimiento y arduo trabajo.

El recorrido de la manzana por la historia es largo, los que nos dará la oportunidad, de volver a sumergirnos en una próxima ocasión en su dorado universo. Que sigas siendo fuente de sabiduría y belleza.

"La manzana de la discordia". Origen de la guerra de Troya.

MARIE-ANTOINE CARÈME

“Las Bellas Artes son cinco a saber: la pintura, la escultura, la poesía, la música y la arquitectura, la cual tiene como rama principalísima la pastelería”. (Marie-Antoine Caréme)


Marie-Antoine Carème

Antonin Carême, uno de los nombres indispensables en la historia de la gastronomía. Indiscutible maestro de las artes culinarias y pasteleras. Marie-Antoine Carême nació en 1783, en la Rue du Bac, en París, en una pobre y numerosa familia, las fuentes hablan de entre 15 y 25 hijos del matrimonio Carême, sostenida por su padre, estibador en los cercanos muelles.En 1793, cuando Carême contaba diez años, su padre le invitó a un almuerzo en un taberna de la Barrière du Maine y lo abandonó a su suerte, exponiéndole la difícil situación de la familia y animándole para que se forjara un futuro. A finales del siglo XVIII era una práctica normal el abandono de niños, que, sin recursos, formación ni recomendaciones, se veían obligados a duros, insanos y trabajos mal pagados, o a la mendicidad o la prostitución. No obstante, la suete sonrió a nuestro Carême, después de vagar por las calles durante todo el día, la noche le sorprendió cerca de una taberna, La Fricassée de Lapin, en el mismo barrio de Maine. El tabernero se compadeció de él, y le ofreció cobijo por esa noche. A la mañana siguiente, le insinuó que trabajara como aprendiz en la cocina de la taberna, a lo que Carême accedió encantado.

Hay que presumir que fue en esta taberna donde Carême aprende y pule sus talentos e instintos para la cocina, porque a los dieciséis años, en 1799, entra a trabajar de aprendiz en Chez Bailly, el pastelero más conocido de París. La destreza y soltura del joven Carême no pasan inadvertidas para su patrón, que le alienta y autoriza para que, cuando no haya demasiado trabajo, asista a la sección de grabados de la Biblioteca Nacional y profundice en los diseños y grabados arquitectónicos que allí se preservaban. Carême no sabía leer ni escribir, y aprende solo, afanándose con los textos de las obras de Palladio y Tertio.Carême manifiesta un insólito talento para el dibujo y la arquitectura, y los conocimientos que alcanza los traslada a su trabajo pastelero, elaborando espectaculares montajes, reproduciendo en azúcar las grandes obras arquitectónicas. Estos montajes hacen famosa la pastelería de Bailly, que recibe encargos de todas partes, para poder contemplar esas espectaculares construcciones.

Cuando tenía dieciocho años, Carême deja a Bailly y se incorpora de chef en otra pastelería, la de los herederos de Gendron. Este nuevo trabajo le permitía realizar los "extras", que consistían en ejercer de apoyo en los grandes banquetes que se daban en París. En 1802 deja la pastelería y se dedica sólo a los "extras", y en 1804 abre una pastelería propia en la Rue du Paix. En este período, que va de los años 1803 a 1814, Carême continúa con sus creaciones en la pastelería, y se perfecciona de manera sorprendente en el arte de la cocina, trabajando junto a los grandes cocineros de la época. Aquellos a los que el propio Carême considera sus maestros son: Lannes para los comidas frías, Richaud para las salsas, y sobre todo, Bouchet, el cocinero de Tayllerand y Laguipierre, cocinero de Murat. En 1814, los ejércitos de la coalición antinapoleónica se instalan en París, y Carême entra al servicio del zar de Rusia Alejandro I, hasta que este parte de París. Pero en 1815, con el retorno de Napoleón y el descalabro de Waterloo, hay una nueva invasión aliada, y nuevamente tenemos a Carème al servicio de Alejandro I.En 1816 Carême parte a Inglaterra, para administrar las cocinas del príncipe de Gales, regente de Inglaterra, y que reinaría posteriormente con el nombre de Jorge IV.En 1817 regresa a Francia, y en 1818 va a Viena, para servir a Lord Steward, embajador británico en la corte austríaca. En 1819 se viaja a San Petersburgo, para solicitar el puesto de jefe de cocina en la corte rusa, pero el zar está ausente, y lo que observa Carême en las cocinas de palacio no le convence, por lo que regresa a Francia.


En la Rue du Paix Carème abre su primera pasteleria

Nuevamente en París, entra al servicio de la princesa de Bragation , pero recibe un ofrecimiento de Lord Steward para que vuelva a la dirección de sus cocinas en Viena y, con el beneplácito de la princesa, acepta la oferta. Permanece en su servicio hasta que el embajador retorna a Londres en 1820. Carême declina a acompañarle y opta por volver a París, donde entra al servicio de Lord Stairs. En 1821 es contratado por el principe Sterhazy, embajador austríaco en París, a cuyo servicio permaneció hasta 1823, fecha en la que pasa a trabajar para el barón Rostchild, hasta 1829, cuando se retira y da por finalizada su carrera, consagrándose de lleno a su obra literaria hasta su muerte en 1833.

Por lo visto hasta ahora, entendemos que Carême es un cocinero extraordinario, pero sin que su agitada vida y la exquisitez de sus modelos den pie para que en la cocina se hable de un antes y un después de Carême. Carême es mucho más que un gran cocinero. Es el punto culminante de una cocina que podríamos denominar "cortesana", y que encontrará su decadencia en la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada de los restaurantes y hoteles, cuando se asumirán formas que perduran hasta la década de los sesenta del siglo XX, que serán establecidas por otro gran maestro de la cocina, Auguste Escoffier.

Carême escribe libros de cocina, pero escribe unas obras que suponen una superación de los recetarios y tratados de cocina escritos hasta ese momento. En sus obras percibimos un espíritu didáctico, clasificador y sintetizador del arte de la cocina como no se había conocido hasta entonces. Las diferentes partes de su monumental "Art de la cuisine française au XIXe siècle" se denominan "traité", y eso es lo que son, genuinos tratados, que no se delimitan a enunciar un conjunto de recetas, sino que analizan, clasifican y examinan todos los platos y alimentos. En la actualidad, todavía permanece su clasificación de las salsas, o su universal tratado de los potajes, por poner unos ejemplos.Uno objetivos de de Carême fue la mejora de las condiciones de trabajo de los cocineros como demostró conla "espantada" que realizó al ver las condiciones de trabajo imperantes en la corte rusa. Para ello no dio respiro a su ingenio a la hora de perfeccionar materiales y técnicas. Entre las invenciones de Carême que hoy subsisten mencionaremos el uniforme blanco, como bandera de limpieza e higiene y el gorro de cocinero actual, al parecer inspirado en las tocas que empleaban las doncellas austríacas.



Art de la cuisine française au XIXe siècle

Referente a los aspectos meramente culinarios, señalaremos a Carême como el fijador de los fondos y salsas que son la base de la cocina actual. Combatió con coraje lo que él creía prácticas detestables de la cocina del Antiguo Régimen, como el uso excesivo de especias y las mezclas de carne y pescado en un mismo plato.Podemos considerar a Carême un adelantado de la dietética y la método en la nutrición. Defiende la presencia de los potajes como comienzo imprescindible de todas las cenas, descarta los excesos grasos, e intenta obtener un equilibrio calórico en sus menús. 

Cuando estuvo al servicio del futuro Jorge IV de Inglaterra logró mejorar su debilitada salud aplicando estos principios a la mesa del regente.Otro aspecto que no podemos dejar de señalar es su gusto decorativo: Carême intenta que la comida satisfaga tanto al ojo como al estómago. Su gusto por la decoración no se circunscribe a la belleza cromática de platos y guarniciones; lo extiende hasta el punto de diseñar en papel espectaculares montajes o diseñar personalmente las vajillas, encargándolas a los más conocidos vidrieros de París. 

La vida de Carême está repleta de episodios curiosos. Han llegado hasta nuestro conocimiento a través de su propia obra y de los escritos de gentes que lo conocieron. Destacaremos su especial relación con Talleyrand. Carême nunca fue un empleado fijo de Talleyrand, pero era el cocinero preferido de este príncipe, uno de los más exquisitos gourmets de todos los tiempos, y era llamado como extra siempre que se organizaba un banquete. El afecto y la admiración entre ambos eran mutuos. Carême consideraba al príncipe el mejor de sus anfitriones y el gastrónomo más docto de todos los que trató, por su parte, Tayllerand recomendaba a Carême como su cocinero favorito, que de este modo logró introducirse en las cocinas de lo más selecto de la nobleza europea.

Son cuantiosas las anécdotas que envuelven los banquetes de Carême, la mayor parte de ellas relatadas por él mismo. Nuestra preferida es la inusual desorganización que rodeó el Banquete de los Aliados, servido por Carême en 1815, en la llanura de Vertus. Carême dispuso su cuartel general en una granja, y se hizo enviar desde París una caravana de carretas con la vajilla y la mantelería, así como sendos rebaños de vacas y corderos, fuertemente protegidos, para impedir el robo de las bandas de cosacos ladrones que pululaban por la zona. La principal inquietud de Carême no fue, sin embargo, la precariedad de medios o la enormidad del banquete, sino que los cuarenta cocineros que llevaba como ayudantes tuvieran que dormir sobre la paja de un establo.

Carême ha sido nominado como "Le Dieu Carême", "le Napoleon des fourneaux" o "Le cuisinier des rois et le Roi des cuisiniers", prueba suficiente de la admiración que levantaba entre los afortunados que disfrutaban sus creaciones. El 21 de junio de 1894, París rindió homenaje a la memoria de Carême dando su nombre a una de sus calles.Carême tuvo una relación muy especial con la arquitectura: desde el precoz estudio de la sección de grabados de la biblioteca nacional, pasando por los espléndidos y complejos grabados con que ilustró sus obras, hasta los trabajos puramente arquitectónicos que publico, mostró un especial talento como arquitecto. Carême dice que "las bellas artes son la pintura, la música y la arquitectura, y la principal rama de esta última es la pastelería". Los grabados y diseños de Carême fueron estudiados y apreciados por los mejores arquitectos de la época, que no dudaron del talento innato del genial cocinero para la arquitectura. Es curiosa la predisposición de Carême hacia estas dos artes, la cocina y la arquitectura, que tienen en común una fuerte base técnica y un importante componente artístico.


Tumba de Carème.

JAMON,SUBLIME PERNIL.

"Jamón empezado, pronto mediado; jamón mediado, pronto acabado". (Refranero).

El cerdo y el jamón han sido y son de los alimentos más típicos de España, representantes esenciales en la cultura española, uno y otro por razones obvias están vinculados de tal manera que es necesario contemplarlos de una manera conjunta para entender y analizar sus diferentes aspectos. Durante mucho tiempo, el comer carne de cerdo era enseña de nobleza y señorío, y todo lo que estaba en relación con su sacrificio y elaboración era símbolo de distinción.


Naturaleza muerta con jamón. (Vukovic Dusan).

Cuenta la leyenda que el jamón apareció cuando un cerdo cayó a un arroyo con una alta concentración de sal y se ahogó. Unos pastores recogieron el cerdo y lo asaron, encontrando que tenía un sabor agradable, sobre todo el pernil. En la antigüedad se realizaba la salazón pero de todo el animal entero. Más tarde advertirían que salando el jamón se conservaba más tiempo sin perder su sabor, así que fueron perfeccionando el método hasta lograr uno de los productos que más gloria y satisfacciones nos ha dado.

Antes de que vinieran los romanos a la península Ibérica, ya se producían grandes cantidades de cerdos y consecuentemente de jamones. Los íberos, ya por entonces, comerciaban con aceteite de oliva, vino y por supuesto jamones y embutidos. Estas tareas les proporcionaban importantes beneficios. El historiador griego Estrabón, cuenta en su libro III de la Geographika (dedicado a Iberia) que los kerretanoí, un pueblo de estirpe ibérica que habitaba en el Pirineo Occidental, elaboran excelentes jamones, comparables a los cantábricos. El cerdo era tan apreciado y su importancia iconográfica y totémica tal, que en la época de Augusto y Agripa, se acuñaron monedas romanas con la forma de un jamón. También han aparecido imágenes de cerdos en medallas consulares, utilizadas como distintivo militar de alguna legión. Esto también se ha podido ver en los celtas y en los galos prerrománicos. En época romana, la matanza del cerdo, en un primer momento, la hacía el cocinero o "coquus" el cual era siempre un esclavo notorio, pero luego la fueron especializando, y la realizaban solo cocineros determinados llamados "vicarius supra cenas". Para ellos la parte más estimada era el jamón, y consumida sólo por las personas más ricas de la sociedad. Pero no comían solo jamón, sino que utilizaban y consumían otras partes del cerdo, embutidos o piezas sazonadas, tales como los lomos, cabezas, costillas y el tocino. El jamón llega a ser tan significativo en los “cenaculum” romanos de la corte que el mismo Juvenal lo canta y loa cuando escribe “en los días de fiesta, como por ejemplo en el día del natalicio, está bien poner a los invitados el lomo colgado, jamón y carne”. Del mismo modo Ateneo de Naucatris nos cuenta que en los banquetes se servía el jamón de la parte de la maza a las personas valientes y distinguidas.

Esta devoción por los productos derivados del cerdo y especialmente del jamón continúo durante la época medieval. Ni siquiera lograron erradicarla los más de 700 años de dominio musulmán y la importante presencia judía en la sociedad de la época, cuyas reglas religiosas, escritas en los textos del Corán y del Talmud respectivamente, prohíben el consumo del cerdo. La carne de cerdo y el jamón aportan un alivio reconfortante a las familias cristianas y además adquirieron un importante simbolismo religioso y social, teniendo su consumo un valor probatorio de no ser un falso converso, como dice el refrán “más cristiano es el jamón que la Santa Inquisición”. Todo ello contribuye a que a medida que la reconquista avanza de norte a sur de la península el jamón esté presente en la alimentación de los territorios conquistados, y pase a formar parte de la alimentación popular, tanto en las alquerías como en las fincas de los grandes terratenientes. El cerdo y sus jamones también estaban presentes en la olla cortesana y nunca faltaba en cualquier menú, fuera de diario, de agasajo, celebración o fiesta.


Jamón ibérico (Ignacio Alcaría)

Hasta bien entrado el siglo XIX el consumo de la carne de ganado porcino no dejo de ser privativo de determinados grupos, se podría decir que había una tendencia a la desaparición de la división de clases según las partes consumidas del cerdo, aunque todavía los perniles eran para comensales de las mesas pudientes. Si bien en este periodo la carne de cerdo aún es mayoritariamente un alimento rural, es sin embargo estimable su consumo entre la clase media urbana. Es en esta epoca cuando la cultura gastronómica porcina no sólo tiene fama en España sino fuera de ella, debido a dos hechos, una mayor producción y una mejor calidad. Y como ejemplo, podemos tomar el de los jamones españoles, que llegan a alcanzar cotas hasta ahora inimaginables de reconocimiento fuera de nuestras fronteras, al consiguir medallas en las Exposiciones Universales de París, Viena y Filadelfia.Pocas sensaciones gustativas se podrán comparar a esa sutileza de sabor que nos proporciona un trozo de un buen jamón al deslizarse con delicadeza por nuestros órganos gustativos. Por eso, su historia está plagada de situaciones gozosas, es de esos alimentos que a lo largo del tiempo, no ha recibido más que alabanzas. Bien merecidas, por supuesto.


Vídeo resumen del proceso de fabricación del jamón ibérico «Dehesa de Extremadura», desde la cría del cerdo hasta la curación.